Aún anda uno con la resaca mental de dos días intensos en Bellaterra, que voy rememorando lentamente para asimilarlos, pero al fin parece que van aclarándose las ideas:
Hasta estos días no tenía claro el papel de "Ciudadanos", pero ahora ya parece que voy disipando la niebla.
La necesidad de "C" en Cataluña me parecía evidente: se trataba de construir una alternativa al nacionalismo expansivo que iba dinamitando la democracia española desde Cataluña, a fin de recuperar la unidad de España, la libertad y la solidaridad entre los españoles, mediante la restauración del sentimiento democrático y "respublicano", de defensa de la "cosa común y pública", del Estado, y de la reconstrucción del patriotismo español y catalán destruidos por la esquizofrenia, el particularismo y la insolidaridad.
Se trataba de perfilar la alternativa conceptual e ideológica al nacionalismo identitario, uniformista y monolítico, que una vez tuvo fuerza en España, robándonos la Patria, y ahora la tiene en Cataluña y Euskadi, robándonos nuevamente la patria por partida doble: la grande y la pequeña, la española y la catalana y vasca. La grande por negarla desde un particularismo miope; la pequeña, por empequeñecerla todavía más, reduciéndola en altura de miras y capacidad de integración del pluralimo real.
La alternativa al nacionalismo identitario es la nación cívica y la Patria plural, la defensa del pluralismo y el rechazo del nacionalismo obligatorio; la aceptación de la existencia de múltiples sentimientos de identidad ciudadana que pueden ir desde lo más microcósmico hasta el ámbito más cosmopolita. Pero al mismo tiempo, la afirmación de la existencia de unos intereses generales y comunes, definidos por las instituciones democráticas y representativas de mayoría y minorías, que es preciso defender y salvaguardar frente a la anarquía y la miopía.
En síntesis, sigo creyendo que la ciudadanía y la democracia son la mejor forma de recuperar un sentimiento patriótico potente de la mayoría, frente a su usurpación por individuos o grupos que pretenden monopolizar el nombre y la identidad común. Primero Franco y luego el nacionalismo periférico han estado robándonoslos, identificando a los disidentes del nacionalismo obligatorio como "enemigos de España" o de "Cataluña", o de "Euskadi" o de "Galicia".
Y, por añadidura, con el patriotismo cívico y "respublicano", los que quieran sentirse ciudadanos del mundo, o de Ganímedes, o apátridas, pues que lo sean, pero que nos dejen a los demás ---creo que la mayoría--- superar la castración producida por el autoritarismo compulsivo del nacionalismo.
Esto por lo que se refiere al perfil sumario de la alternativa conceptual e ideológica. Pero queda por perfilar la alternativa estratégica, y esa voy viéndola más clara cada día: Ciudadanos es la bisagra de España, el partido que está dispuesto a jugar el papel de catalizador de la reconstrucción de la democracia frente a su dinamitado por los nacionalismos periféricos y la oligarquía irresponsable del socialismo. Ciudadanos puede alterar el sistema de partidos catalán y español, jugando el papel de reconstruir la democracia diseñada en el 78 frente a la degeneración producida por el nacionalismo miope, la demagogia y la corrupcicón de la democracia. "C" puede jugar el papel de bisagra española, reintegrando a un amplio sector de la ciudadanía catalana al sistema democrático, y haciendo entrar en la dinámica política a amplios sectores de la ciudadanía del conjunto de España descontentos con las deficiencias del sistema y las corrupciones oligárquicas del sistema de partidos. "C", que intenta integrar al lliberalismo progresista, al socialismo democrático y liberal y a los demócratas sin adjetivos, le dará el poder a quien sea capaz de defender con más vigor la reconstrucción de la democracia y de la identidad común. De momento, pondrá un freno a la deriva destructiva del PSOE, obligándolo a cambiar de rumbo, y a buscar conjuntamente entre los dos grandes partidos la reconstrucción de España. "C" debería sustituir al nacionalismo periférico y a IU como bisagras necesarias para formar la mayoría en elpaís.
¿Lo ven Vds. así? Ojalá, y así sea.
Luis Bouza-Brey (10-7-06)

Luis:
Tu párrafo: "La necesidad de "C" en Cataluña me parecía evidente: se trataba de construir una alternativa al nacionalismo expansivo, etc. etc." Sería exactamente exacto de toda exactitud si en lugar de "sentimiento democrático" dijera " rescate y fomento de la posición política, etc." según lo veo. En cualquier caso la idea es de mi completo parecer.
Comento otra de tus frases: "Se trataba de perfilar la alternativa conceptual e ideológica al nacionalismo identitario, uniformista y monolítico, que una vez tuvo fuerza en España, robándonos la Patria, y ahora la tiene en Cataluña y Euskadi, robándonos nuevamente la patria por partida doble: la grande y la pequeña, la española y la catalana y vasca".
Se trataba y se sigue tratando de alcanzar esa "alternativa conceptual e ideológica", y esa búsqueda tiene mucho trabajo en nuestro seno; opino que es uno de los más importantes: "esclarecer la conciencia que no se ve con claridad a sí misma". Añado que estando de acuerdo con lo que dices, aludir a la Patria TODAVÍA no está bien visto entre nosotros, pero no tenemos más remedio que acabar viéndolo, no hay otra salida histórica ni teórica y además, esbozadamente, es lo que se pone de manifiesto en la rebelión popular catalana y española, sólo hay que traducirlo adecuadamente. Eso y poner en cuestión el poder político.
Matizo tu alusión a la "Bisagra", ya veremos qué resulta de todo esto, puede que sí o puede que no. Eso no es importante pero sí lo es y mucho, luchar por los objetivos que propones. ¡Menos mal que ya somos más los que comprendemos el asunto! Hemos estado años in albis sin acabar de hacer un boceto de la situación, ahora ya lo tenemos y hay que policromarlo entre todos.
Una digresión. Tanta dificultad para entender la evolución política española también tiene su explicación. Lo que ocurre en nuestro país es NUEVO en la historia no por su contenido sino por su forma.
No he logrado en el rastreo y no he visto a nadie solvente hacerlo, encontrar en el pasado analogías formales, ni siquiera Yugoslavia, que un Estado, instrumento de dominación de los poderosos, quiera transformarse de su actual configuración; eso sólo puede explicarse por la voluntad de esos poderosos, por su interés en hacerlo para perpetuar su domino, no hay otra. En este marco, los nacionalismos son instrumentos para alcanzar el objetivo final, débiles excusas, falsos pretextos que se erigen intelectual y teóricamente en motines de la razón, sedición del pensamiento, insultos a la inteligencia y exilios de la lógica.
Lo que se dirime en nuestro país tiene que ver con la llamada globalización capitalista, la exaltación del individualismo y el consumo desenfrenado, el bombardeo de nuevos "valores" encaminados a resaltar ele enriquecimiento personal y la destrucción de la solidaridad humana, de la dignidad, del convencimiento de que sólo juntos podremos solucionar nuestros problemas, de la necesidad democrática, en suma, vivimos en un mundo donde la civilización corre un gran peligro.
Creo que estamos en una tesitura parecida a los albores del capitalismo, donde éste destruyó todos los valores y las forrmas sociales básicas medivales. Ahora se trata de destruir los elementos avanzados que la burguesía imprimió a la sociedad en sus comienzos y es en nuestro país, por encontrarse en él las condiciones adecuadas, el terreno donde se libra esa gran batalla.
La escasa aparición de símbolos nacionales y la aparente poca conciencia nacional, junto a la persistencia de ecos crecidos nacionalistas, con mucho más vigor y razón en el pasado, le dan a España muchos números en esa lotería. Pero puede observarse en otros países esta tendencia aunque tienen de momento, menos éxito que en el nuestro. Y todo esto no es sólo una conjetura teórica, es la constatación a diario, la práctica política, quien lo confirma desde hace algunos años.
Es la aparición de castas autonómicas y todo su entramado de intereses, el vector de fuerzas encargado de contribuir decisivamente a ese experimento histórico que nos llevará al desastre social, porque el político ya lo tenemos. No de otra forma puede entenderse el control educativo por esas castas, el blindaje de competencias exclusivas, la gestión autonómica de bienes comunes como el agua o la exigencia de autogobierno más allá de la Constitución como la "realidad nacional" andaluza. Todo eso forma parte de un intento reaccionario de volvernos a las taifas y al mismo tiempo inyectar a ciertas capas de la población el egoísmo de que sólos estarán mejor que acompañados, lo que es absolutamente cierto momentáneamente para esas capas pero rotundamente falso para el grueso de la población a la larga y a la corta. Aquí encontramos la base material de posibles luchas entre los "civiles" que pueden degenerar en guerras interterritoriales y también dentro de las autonómias.
Volviendo al tema, los compañeros que todavía piensen con viejos esquemas deben reciclarse, no tiene sentido hablar de derechas e izquierdas, no vale hablar de progresismo o socialismo u otros ismos sin explicar como se come eso hoy en día en un país donde todos esos conceptos están cuestionándose, y no sólo aquí, también a escala planetaria. Y además de aclararlos, hay que explicar con CONSIGNAS a la gente a la que nos dirigimos, porque todos sabemos que hablarles de transversalidad u otras cosas, es como hacerlo en chino. Me parece que esto debe formar parte de nuestras preocupaciones elementales y urgentes.
El asunto de la Patria o de España es de la mayor importancia comprenderlo debidamente. Hemos surgido para oponernos a un rumbo político y para mejorar nuestras condiciones sociales de existencia. Y hemos constatado que el Estado sustrae derechos y dinero común, para otorgarlo a los virreyes periféricos. El dique jurídico-político defensivo es la Constitución española del 78 que es pisoteado o reinterpretado por nuestros adversarios. Su defensa intransigente no puede ofrecer titubeos, dudas, reservas, sencillamente no se puede so pena de resultar inofensivos, de ser estériles políticos. Y si parecemos del PP es rotundamente falso, porque el PP no sólo es causante de esta situación, es que no es consecuente con lo que dice ni con lo que hace.
Tanto nuestra evolución interna como los próximos acontecimientos políticos españoles, llevarán a más y más personas a reivindicar su marco nacional democrático y hagámonos a la idea de que acabaremos todos o una gran parte, reivindicando no la España de Franco, ni el "nacionalismo español", sino la Nación española, nuestra verdadera realidad nacional: España.
En cuanto a la sospecha de que somos españolistas, ningún complejo, somos lo que queremos ser expresado en nuestro Congreso. Y el PP no es monolítico, una cosa es lo que dice Rajoy y otra lo que hacen en Andalucía, Baleares o Valencia, ¡DE PENA!. Sólo en el País Vasco se escapan. Los veremos descomponerse o seguir siendo inútiles políticos ante el panorama que tenemos. Si lo único que pretenden es conseguir escaños cuando la descomposición política nacional va en aumentyo es que o no se enteran o están de acuerdo, en cualquier caso no son alternativa.
Julio de 2006
Como dice Mario, lo de "bisagra" ya se verá con el tiempo. Por lo demás, suscribo lo que dices desde la cruz a la firma. Sobre todo la idea de que debemos reivindicar, frente al nacionalismo franquista, catalanista, vasquista y demás variantes, el concepto de patriotismo "respublicano". El orgullo de sentirse vinculados a una Nación caracterizada por un auténtico estado de derecho, por un respeto a unas leyes ancladas en los principios de la democracia liberal e ilustrada y por la defensa de una solidaridad entre los ciudadanos. O en otros término, especificando lo que tú ya dices, nuestro partido quizá debería recoger (opinión personal esta) lo mejor de la experiencia socialdemócrata escandinava y lo mejor de la experiencia liberal anglosajona.
Finalmente, debemos dar la última batalla contra la dictadura: que los símbolos de nuestra Nación no sugieran exclusiones, ni beaterías, ni tambores de guerra, sino libertad, igualdad y solidaridad entre todos los españoles.
Pues me apunto al comentario de Emilio. Lo único que como decia Josep Pla, "No veo muchos suecos en Cataluña", tenemos nuestras propias experiencias (y desastres) tanto en la articulación de la democracia, como en la construcción, método, y planteamiento ideológico en la aplicación de políticas de igualdad, solidaridad y justicia. Y formamos parte de esa corriente internacional que arranca de la Ilustración y que aplica políticas de libertad e igualdad en los siglos XIX y XX.
Harina de otro costal es que "sedicentes" progres y sociolistos, pesebristas y añadidos, se hayan olvidado completamente de que sea y signifique eso. Por eso estamos aquí.