El pasado mes de agosto representantes de todos los partidos políticos con presencia en el Parlamento se congregaron en torno a un monumento erigido a Blas Infante en el lugar donde fue asesinado durantre los aciagos días iniciales de la rebelión militar contra la II República.
Creo que una de las misiones que nuestro partido debería emprender en Andalucía es la lucha contra el pensamiento políticamente correcto que impone conceptos tan trasnochados como “padre de la patria andaluza” y otros semejantes. Habría que ser valientes y decir a las claras lo que es claro: Blas Infante y el nacionalismo andaluz son una auténtica aberración intelectual y un nefasto modelo político para el futuro de nuestra región.
En efecto, resulta tremendamente chocante que todos (incluido el PP) homenajeen a un señor que intelectualmente era mediocre y que defendía postulados totalmente ahistóricos como la glorificación del período de dominación musulmana en Andalucía y que fundamentaba falsos mitos como la supuesta coexistencia de tres religiones y la superioridad absoluta de la civilización islámica medieval. En su manía llega a afirmar que en época del califato todo el mundo sabía leer y escribir y que todo el mundo podía viajar a caballo sin temores entre las distintas “anfictionías” (léase, ciudades) de Al-Ándalus.
No es difícil imaginar la Andalucía que existiría si Blas Infante y los suyos controlasen el poder: una dictadura islámica. Creo que hoy en día pocas personas culturalmente bien formadas en occidente pueden defender nada de los países donde el islam domina. Y ese es el “ideal andaluz”. Los nacionalistas andaluces van con un candil a la búsqueda de las diferencias de esta región respecto a las otras de España. Históricamente, es una desgracia que esa diferencia sea la presencia durante más tiempo de la cultura islámica. Y a eso se aferran Blas Infante y sus secuaces. En este sentido, el proemio del nuevo estatuto de autonomía es una sarta de idioteces donde este señor aparece glorificado. Soy andaluz, pero ni soy patriota andaluz, me importa un pimiento la patria andaluza y, por supuesto, estoy muy contento de que el islam fuera expulsado de Andalucía. Si no, hoy estaríamos bajo la bota de un Mohamed VI cualquiera, de un Bashar el Assad, de un ayatola sanguinario o un déspota wahabita originario de Arabia Saudí, rodeados de miseria, incultura y corrupción.
Hay que desenmarcarar las falacias de unos políticos que se pliegan al pensamiento nacionalista originario del País Vasco y Cataluña. Imitan de mala manera esa especie de culto a la figura de Sabino Arana, un repugnante racista, precursor de los nazis, que se ha convertido en un pilar ideológico del nacionalismo excluyente y cuyos escritos el propio PNV ha censurado para que se desconozca la auténtica dimensión de semejante personaje. En este sentido, Blas Infante es el Sabino Arana de los nacionalistas de babucha y chilaba. Lo peor es que la defensa de tal desaguisado se lleva a cabo por partidos políticos como el PP que deberían oponerse al fomento de unas ideas retrógradas y perniciosas para el futuro de Andalucía.
En este sentido es tremendamente significativo el panegírico que la página oficial del islam en España (supuesto altavoz de los musulmanes "moderados": www.webislam.com) hace de Blas Infante, como precursor del que debe ser el futuro Al-Ándalus, un futuro gobernado por el Corán y la sharia.
En suma, es un cúmulo de despropósitos. Andalucía no es la patria de nadie y no necesitamos padres de ninguna clase en el ámbito político. Hay que combatir este tipo de falsificaciones históricas y a este tipo de personalidad que tuvieron la buena / mala fortuna de ser asesinados en un momento oportuno. Blas Infante y el nacionalismo que propugna deben convertirse en un simple objeto de estudio de la historia de las mentalidades, recluido a los departamento universitarios, y deben ser desbancados del podio en el que el complejo de inferioridad de los nacionalistas andaluces lo han colocado, ante la pasividad cobarde del resto de los partidos y su miedo a enfrentarse al pensamiento oficial.
Como siempre, hay que defender el sentido común y propugnar lo mejor de la modernidad; esto es, imbricar Andalucía en su auténtico marco cultural: España y Europa; y defender los ideales de esa Europa nuestra, es decir, los ideales de la ciudadanía y del progreso.

Emilio Díaz