Los antiguos romanos siempre nos servirán de ejemplo. Hicieron, contaron y reflexionaron sobre todo lo bueno y todo lo malo que tiene la política. De ellos es una distinción inexcusable acerca del fundamento del poder. Distinguían entre la auctoritas y la potestas. Ambas hacen referencia a los resortes que permiten a unos ejercer influencia sobre la voluntad de los otros y lograr que éstos actúen conforme a los primeros desean.
Los mencionados conceptos pueden aplicarse a muchos ámbitos del acontecer humano, desde la empresa, a la docencia, pasando por la medicina, la abogacía o las actividades de la construcción. La auctoritas faculta al que ordena para conseguir que el ordenado actúe recurriendo a un entramado de cualidades del primero donde entran en juego su superior categoría moral, su superior capacidad de gestión, su superior virtud en el trato humano y cuantas más aptitudes positivas puedan imaginarse en el ser humano. La potestas fundamenta la capacidad de mando simplemente en la posesión de un título, de un nombramiento, de un cargo que es otorgado al mandatario por alguna instancia superior a la que se le ha conferido la capacidad de investir a los demás de dicha facultad.
El diario El Mundo lleva desde hace muchos meses investigando por su cuenta las incongruencias y las manipulaciones del proceso judicial de los asesinatos del 11 de marzo de 2004. Últimamente, habida cuenta de que saca beneficios del asunto, el PP se ha atrevido a llevar las conclusiones provisionales de esa investigación al Parlamento. La respuesta del resto de los grupos parlamentarios ha sido una invocación al respeto debido a las instituciones y la exigencia de presuponer su honorabilidad.
No entro en las consideraciones acerca de lo que publica el mencionado periódico ni de la actitud del PP. Lo que me interesa de este episodio es esa invocación a respetar a las instituciones.
Si algo caracteriza a una auténtica democracia es la sospecha sobre las instituciones. De nuevo insisto en que el ciudadano no ve en el gobernante una emanación divina, sino un ser humano como él y, por tanto, sometido a idénticas pasiones, idénticos vicios y virtudes. Las instituciones en sí no son nada. Son organismos diseñados sobre un papel por seres humanos y puestos en funcionamiento por seres humanos. Y todos sabemos lo que tiende a hacer un ser humano cuando el dulce halo del poder acaricia su piel. El que manda tiende a abusar del poder. Por supuesto que hay mucha gente honrada; pero quizá sean los menos. Personas perfectamente amables y sencillas en la vida diaria, se vuelven lobos cuando son entronizados en los pasillos y en los despachos del poder.
A las instituciones no se las respeta porque sí, porque son eso, "instituciones". Se las acata después de someterlas a una crítica.
Presuponer la honorabilidad de las instituciones (esto es, de los seres humanos que las integran) es volver a aquellos viejos tiempos del Antiguo Régimen donde por el simple hecho de nacer en una familia de condes, uno era mejor que los demás.
Para los ciudadanos, el respeto debe ser ganado a pulso por los seres humanos que ejercen el poder mediante el uso de su auctoritas, no de la potestas que la aparición de su nombre en el BOE o en el BOJA confiere.
Por tanto, a mi juicio, es perfectamente legítimo someter a crítica y sospecha el proceder de las instituciones, sean jueces, policías, diputados, senadores, ministros o el sursum corda que se nos presente encarnado en tejido mortal. Y no entro en la inmunidad del rey por no meterme en asuntos más delicados, aunque en una República, el presidente también debe estar sometido al parecer de la ciudadanía.
Menos pedir respeto por las instituciones y más trabajar honestamente por la auctoritas de quienes las ejercen.
Emilio Díaz

Los antiguos romanos siempre nos servirán de ejemplo. Hicieron, contaron y reflexionaron sobre todo lo bueno y todo lo malo que tiene la política. De ellos es una distinción inexcusable acerca del fundamento del poder. Distinguían entre la auctoritas y la potestas. Ambas hacen referencia a los resortes que permiten a unos ejercer influencia sobre la voluntad de los otros y lograr que éstos actúen conforme a los primeros desean...
Efectivamente. Vencen (de momento) pero no convencen. La pérdida de credibilidad de los gobernantes, ganada a pulso, contamina a la propia institución; ya solo les queda el imperium. Pero no lideran a la sociedad. Las metas que proponen no son asumidas (e.g. el Estatuto). Sus lemas o consignas son objeto de repudio o burla: las "modernizaciones de Andalucia", "Andalucia Imparable, Andalucia al máximo", "la nuestra",... La prueba de esa pérdida de auctoritas es la rechifla que causa las declaraciones de los gobernantes. Vease el caso Chaves/Psoe. Por no hablar de la corrupción "publicada"; de la oculta, nada sabemos,.. aún. De la violencia institucional: arbitrariedad, nepotismo, sectarismo... De ahí que la gente vaya perdiendo el respeto a los gobernantes, crezca la desconfianza en su acción de gobierno, se muestre pasiva ante sus propuestas.
Son síntomas de la crisis que ellos mismos han provocado y buscado, con afán digno de mejor causa, durante tantísimos años. En este sentido sería bueno recopilar las declaraciones de Chaves en orden a la supuesta Deuda Histórica y su manipulación en etapas anteriores, con la inestimable ayuda de las muletas de IU; de su apoyo a Maragall y al Estatuto Catalán (todavía resuena en nuestros oidos aquello de lo que es bueno para Cataluña es bueno para Andalucia), con las consecuencias que sabemos para España, los españoles y Andalucía en particular. Animo a todos los colaboradores y visitantes de este blog a realizar su aportación. Es la ventaja de estar en un partido: son muchos los ojos, voces y sentidos puestos en común con una sola dirección.
Pero ojo! Homo sum, nihil humanum alienum mihi est! Ronda en mis oidos una pregunta de Paco Rubiales: "Ponme un solo ejemplo de partido político que no caiga en la corrupción o el sectarimo". Cierto, Paco; lo tenemos en cuenta, pero hay que mancharse las manos; si no metes las manos en el estiércol y en el abono no puedes hacer que fructifique la tierra. Si no tomas "partido" y te organizas no puedes lograr unos objetivos políticos. No somos "adanes" (a pesar del cartel de Albert Rivera); ni tampoco finalistas. Somos lo bastante humildes para no creernos "la" solución. Pero sí parte de ella. Y en todo caso para eso está la sociedad y los movimientos sociales que surjan de su seno. Y aquí estamos.
Un saludo y adelante.
me gustA EL PICO!!!!!!!!!!!! Y A TTI TAMBIEN!!
la wea xanta nadie escribe ni una wea xupen la verga
xauuu
fomes culiaosssss
x q no se masturban mejor y ahi c entretienen en algo