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La noche del pasado día uno nos reunimos unos cuantos compañeros de la agrupación de Sevilla a hacer seguimiento de la noche electoral desde el piso de nuestro Secretario José Antonio Rodríguez. Por decir que muchos nervios, que expectación, que cierta tensión, que la tecnología siempre traicionera, que si de 0 a 2 en las encuestas, que si los resultados eran o no eran ya del recuento, que si no se oye, que si os lo habéis cargado de tanto darle al botoncito, que si el 13% que si el 30% que si el 54%, que si tres tío tres ¿Tres por ciento o tres escaños? Las dos cosas, las dos cosas. Tortilla, langostinos, fiambre y cava, mucho cava.

Escribo esto y ya estamos a día tres. En los medios hablan y escriben sobre nosotros, no solamente aquellos que tuvieron a bien reconocer nuestra existencia antes y durante la campaña sino todos. Todos hablan y dicen, algunos se congratulan, otros saludan y no pocos mienten. Éramos el coco malo en el que no había que pensar, pero ahora el coco ha salido de debajo de la cama y se ha sentado en el sofá del salón. Ya no sirve ignorarnos, somos demasiado obvios.

Llegado el momento del “difama que algo queda” sólo Dios sabe qué se les puede ocurrir. Ya en campaña escuché a Piqué (¡Piqué!) decir que éramos de extrema derecha (¡Piqué!), a una tal Montse que nuestra campaña la financiaba CIU (¡CIU!) y la misma noche electoral una tal Margarita (que nombre más floral, oiga) dijo que nos financiaba la FAES (¡FAES!). Hoy Mariano ha dicho, seriamente, que éramos de izquierda radical, que en fin, GIL, Conde, Realidad Nacional, alternativa.

Bien, pues no es nada, la que se nos viene encima va a ser de órdago. Tienen que marcarnos, dejar clara una idea sobre nosotros bien grabada a fuego antes de que podamos empezar a hacer política y a dejar claro lo que somos por la vía de las obras que son amores. Ante esto calma, sosiego y buenos alimentos. Hay que comprenderles, angélicos, no saben lo que les está pasando. Están sorprendidos y asustados, dando zarpazos a ciegas y al aire. No estamos ahí, lo sentimos.

Estamos en otras cosas nosotros. Estamos, para empezar, construyendo una opción que va a toda máquina, cuyo ritmo de crecimiento supera a veces (a qué negarlo) nuestra capacidad organizativa. Estamos, por seguir, en el no que no y que no al estatuto minúsculo y bodrioso que pretenden que nos desayunemos con el colacao. Estamos también y en realidad royendo el suelo bajo sus pies mientras braman inútilmente contra una simpática y alegre mañana que empieza a ahuyentar algunas sombras.

Javier Vélez Escofet