Calle de Damasco, ¿a escala humana?

La lectura del Estatuto no deja de deparar sorpresas, mismamente sin salir del preámbulo, quizá,como ya analizara magistralmente
Sánchez Ferlosio, la parte en la que se alcanza la cumbre del lenguaje logsiano, de la nada. Además de la cursilería, llama la atención que no se haya cambiado lo del vertebrador Guadalquivir de todos los andaluces y lo de que somos pioneros milenarios en la creación de un urbanismo “en clave humana”. Es curioso, porque cuentan que, por ejemplo, al poner un pie en Damasco, de las primeras cosas que sueltan los guías es la afirmación orgullosa de que aquella es la ciudad más antigua habitada ininterrumpidamente por el hombre. Lo suelen decir entre el Bazar y la mezquita, a un lado el barrio cristiano, las faldas de las montañas pobladas de refugiados kurdos y palestinos. Vamos, que está constatado documentalmente porque San Pablo se cayó del caballo camino de aquella urbe de la que, sin embargo, no se nos dice que estuviera hecha a escala de elefante o dinosaurio en las Escrituras, al menos tan sagradas como este Estatuto. Que por las angostas calles, habitaban hombres y no exclusivamente dromedarios. No sé si los jerifaltes del régimen de Al Asad junior tienen pensado acudir a un organismo internacional, quizás la Unesco, para reclamar el derecho de autor de la Ciudad, con mayúsculas, que han pretendido arrebatarles los jerifaltes de un régimen más sutil que existe en la Andalucía que un día dominaron los omeyas, salidos de aquellas ciudades tan nuevas, según los escribas estatutarios. Parece ser que seguimos empeñados en ese urbanismo a escala humana que trepa por nuestros montes y acaba con los conejos y el matorral, aunque, según ha dicho Chaves, el Estatuto corregirá esos desmanes, a pesar de que nunca antes ha manifestado tener intención de hacerlo. Lo que sí dijo el otr día, en el Parlamento de las cinco llagas, fue que se será “flexible” con los ayuntamientos que presenten megaproyectos de interés social. Ya estamos abriendo la puerta al doble rasero. Se aprobarán los de los míos y se echarán para atrás los que no lo sean, por eso, dicen las malas lenguas en Marbella, que lo mejor es que gane el PP para que le frenen cualquier proyecto que se coma una duna de Artola más. Al fin y al cabo nada hay más humano que hacerle un favor a los amiguetes. A lo mejor a eso se refiere el estatuto cuando habla del urbanismo a escala humana, debe de ser que aquí fuimos pioneros en hacer favores recalificadores y, a la postre, clarificadores. Favores como el que ha hecho el campeón Arenas a Ciudadanos votando a favor de este bodrio.

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